sbado 25 mayo 2013 

TALIBANISMO JUDICIAL

TALIBANISMO JUDICIAL

 

 

 

 

Eduardo Mackenzie

 

Por Eduardo Mackenzie

Hace unos días, cierta prensa trató de hacernos creer, con ayuda de unas encuestas, que Antanas Mockus ganaría la primera vuelta de la elección presidencial. Era una mentira. Esa misma prensa, con la ayuda de una juez, trata ahora de hacernos creer que el coronel Luis Alfonso Plazas Vega, el héroe de la liberación del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, quien rescató a 244 rehenes que habían caído en manos de los terroristas,  es el responsable de las “desapariciones” del palacio de Justicia.

Estamos de nuevo ante una gran mentira.

La sentencia  inicua mediante la cual  una juez de Bogotá, María Stella Jara Gutiérrez, condenó, en primera instancia, al coronel Plazas Vega a 30 años de prisión no inspirará el respeto que normalmente merece toda decisión de justicia de un país democrático.

Pues esa sentencia es la negación del debido proceso.

María Stella Jara Gutiérrez, la juez autora de la inicua sentencia contra Plazas Vega

De hecho esa sentencia, en lugar de aportar serenidad, aporta incertidumbre, estupor y amargura al país. Los legítimos pronunciamientos de altas personalidades del gobierno, del Estado, de la prensa y de la sociedad civil contra esa sentencia, muestran que Colombia no está dispuesta a aceptar esa nueva impostura.

No hay justicia sin verdad. No hay Derecho sin respeto de las reglas de Derecho. Lo jurídico descansa sobre unas normas preexistentes y sobre un procedimiento. El jurista Jhering decía que “el procedimiento es la hermana gemela de la libertad”. Esos principios fueron pisoteados en el proceso del coronel Plazas Vega.

La sentencia de la juez Jara es aberrante pues no hay en ella correlación alguna entre la salvaje sanción impuesta y la prueba de la culpabilidad. Es inaudito pero es cierto: el Coronel Plazas ha sido condenado en basa a nada. En la sentencia no se encuentra ni confesión del acusado, ni la prueba irrefutable de que él haya cometido el delito que le reprocha la juez. ¿Dónde está la prueba material irrefutable de que él ordenó, o de que él realizó personalmente,  la “desaparición forzada agravada” de unas personas?

En ninguna parte.

En la sentencia de 302 páginas no hay el menor rastro de una prueba en ese sentido. De una prueba cierta, verdadera, franca. Solo hay conjeturas y especulaciones dudosas del abogado de la parte civil, las cuales son acogidas por la juez. Esta acepta como pruebas, y finca su decisión final, sobre testimonios espurios, repudiados por el Ministerio público y por la defensa.

Ni siquiera hay indicios serios, repetidos y concordantes, contra el acusado. Lo que sí hay son elucubraciones en el aire, suposiciones, deducciones y teorías insólitas. Sobre todo deducciones gratuitas, sin soporte material, ni basada en hechos comprobados.

Ese proceso no buscaba la verdad judicial. Buscaba demostrar una tesis y destruir físicamente y moralmente al acusado. Nunca hubo allí equidad, ni garantías para la defensa. La instrucción no logró probar que Plaza Vega tuviera algo que ver con los llamados “desaparecidos” del palacio de justicia.

Por eso la Procuraduría y la defensa del Coronel pidieron que el acusado fuera absuelto. Por eso el Procurador General de la Nación y el abogado del Coronel anunciaron que interpondrán el recurso de apelación contra esa sentencia.

La fiscal Ángela María Buitrago.. ¿ella y la juez están prevaricando..?

Quienes responsabilizan al coronel Plazas y a otros militares por la tragedia del palacio de justicia tuvieron 25 años para investigar ese asunto y para conseguir pruebas sólidas. ¿Dónde están? No están, en todo caso, en manos de la juez, pues ésta no las presentó en la sentencia.

Esos acusadores, que dicen buscar la verdad, se niegan a pedir que se investigue a los ex miembros amnistiados del M-19, quienes detentan, probablemente, muchas verdades acerca del horrible crimen que cometió el M-19 ese día. Pues no les interesa saber quién es el verdadero y único responsable de esa tragedia. Sólo quieren, con el proceso contra los militares, golpear al “enemigo de clase”, a los defensores del Estado y del gobierno legitimo.

Ellos no podían encontrar nada pues se alejaron de la única investigación seria que se ha hecho de ese triste episodio: la del Tribunal Especial de Instrucción, el cual firmó su excelente informe el 31 de mayo de 1986. Esa investigación, realizada por dos eminentes magistrados, Jaime Serrano Rueda y Carlos Upegui Zapata, con la ayuda de diez jueces de instrucción, afirma que no hubo desaparecidos en el palacio de justicia; que “los llamados desaparecidos perecieron en el holocausto”, que esas víctimas del terrorismo “se consideraron desaparecidos porque sus cadáveres no fueron identificados”, pues sus restos fueron encontrados en un alto grado de calcinación que impidió toda identificación en esos meses y en los años siguientes.

Ese informe reitera que “existe un grupo de cadáveres que necesariamente corresponde a los desaparecidos”. El informe concluye esto: “El Tribunal considera que existe prueba suficiente en el sumario para concluir que tales personas fallecieron en el cuarto piso a donde fueron conducidos como rehenes en los primeros momentos de los sucesos”.

La investigación de la Fiscalía se apartó de ese enfoque por motivos ideológicos: pues había que probar que los militares “desaparecieron” una parte de los rehenes liberados. Sin embargo, nada prueba hasta hoy que eso haya sido así.

Esa condena de 30 años fue  tomada por una juez, no por un tribunal. La colegiatura, en derecho penal, es esencial. Solo un tribunal puede abordar sin prejuicios desde el comienzo el proceso y decidir con conocimiento de causa.  “La colegialidad es una garantía de buena justicia pues un hombre solo no puede discernir con holgura el juicio que conviene dar”, dice la profesora francesa de Derecho Marie-Anne Frison-Roche.

El coronel Alfonso Plazas Vega, condenado a 30 años en un proceso turbio con testigos falsos

La fiscal y la juez, tuvieron más de tres años para buscar la verdad y no la encontraron, a pesar de que gozaron de todas las garantías, y tuvieron en sus manos todas las palancas (y hasta abusaron de éstas) para hallar la verdad. Pero no la hallaron. ¿Querían realmente hallarla? Una persona había sido designada como culpable desde el comienzo de la instrucción. Se trataba de impulsar un juicio político de escarmiento contra un símbolo de las Fuerzas Armadas, para sembrar el terror entre las fuerzas militares y de policía de Colombia y para hacer una exhibición de fuerza.

Ese veredicto es monstruoso pues se ha condenado a un inocente. Ese veredicto tiene, al menos, un lado positivo: el hará que millones de colombianos abran los ojos sobre lo que hay detrás de la crisis de la justicia colombiana.

Para atribuirle al Coronel Plazas la responsabilidad del crimen, la juez acudió al implante absurdo de una discutible teoría llamada de la “autoría mediata”, pues la fiscal había comprendido que no podía inculpar a Plazas como autor propio de un crimen. La fiscal optó por la vía indirecta: lo acusó de ser “coautor impropio”.

Pero la juez rechazó ese enfoque y optó por una teoría traída de los cabellos que consiste en decir que se le puede atribuir responsabilidad penal a una persona que no cometió un delito penal. La cómoda teoría, que puede dar para todo, sobre todo para cometer los peores abusos judiciales, como en el caso del Coronel Plazas, dice que esa persona puede ser vista como responsable de un crimen por el hecho de haber hecho parte de la “estructura organizada de poder”. Esa noción no existe en derecho positivo colombiano. Es un desarrollo reciente y cuestionable y que no es aplicado por los países democráticos por sus graves inconvenientes. Esa teoría poco clara pretende  que se le puede imputar la “autoría mediata” de un crimen a una persona que no cometió el crimen o que no intervino directamente en la ejecución del crimen, pero que “dominaba la realización del crimen sirviéndose de un aparato de poder”.

La juez trata de mostrar los méritos de esa teoría diciendo que el jurista alemán Claus Roxin, inventor de la misma en 1963, logró incorporarla “a la dogmática penal a partir del caso Eichmann”. La juez calla un hecho. Esa teoría no fue utilizada en el proceso de Adolf Eichmann, realizado dos años antes del famoso invento de Roxin. El tribunal   israelí condenó a muerte al verdugo nazi pues probó de manera ordinaria, clásica, la responsabilidad de éste en la Solución Final, sin valerse de curiosas teorías.

Pero incluso para aplicar la teoría Roxin hay que probar, al menos, que el responsable ordenó la comisión del delito. En el caso del Coronel Plazas esa orden no fue jamás probada.

En todo caso, el uso de esa teoría y la evocación del caso Eichmann en la sentencia del Coronel Plazas, muestra un a priori ideológico, una actitud militante  y no imparcial de la juez. Ella considera de alguna manera que la acción del coronel Plazas en defensa del palacio de justicia, asaltado de manera sangrienta por terroristas marxistas, y en defensa de un régimen democrático y elegido por el pueblo en elecciones libres, es de la misma naturaleza que los crímenes de los nazis.

De ello se desprende otra conclusión: los otros militares cuyos procesos están en curso  por la defensa que hicieron del palacio de justicia, y las otras personas que quieren atraer a esa trampa, serán vistos por la juez y sus aliados también como  nazis irrecuperables (lo que era Eichmann) y sufrirán sentencias aberrantes gracias a la aplicación de la peregrina teoría de la “autoría mediata”.

Lo curioso es que la juez Jara no piensa un minuto en aplicar esa misma teoría para detener y llevar a juicio a los jefes del M-19 amnistiados, quienes detentan los secretos de lo que ocurrió en el palacio de justicia y de las otras actuaciones criminales del M-19.

Los primeros que deberían estar decepcionados de ese fallo son los familiares de las personas que perecieron a causa del acto terrorista cometido por el M-19 y que no han sido todavía identificadas. Pues la investigación de la Fiscalía, y la sentencia de primera instancia,  no arrojaron luz sobre el paradero de esas personas. La juez Jara sigue negándoles a esos familiares la práctica de una prueba de ADN a los restos  no identificados. Ello podría sacar la verdad a la superficie.  Tal prueba podría confirmar lo que dijo el Tribunal Especial de Instrucción: “los llamados desaparecidos perecieron en el holocausto”.

12 de junio de 2010

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Comentarios

8 Comentarios para “TALIBANISMO JUDICIAL”
  1. Camilo G. dice:

    María Stella Jara Gutiérrez, Usted es una verguenza nacional. Es una cascarera, mediocre e indigna. El Estado de Derecho pasa por su peor momento gracias a personas ruines como usted. Definitivamente cuando las empleadas del servicio hacen una carrera nocturna estudiando el código entre la hora de hacer los quehaceres de la casa y el cuidar a los niños de los patrones es muy berraco. Definitivamente estamos en manos de sirvientas con título universitario, sin cultura, sin don de gentes y lo peor de todo, con un resentimiento social aterrador y aberrante.
    Afortunadamente el Universo nos devuelve lo que le hemos dado a la vida y tarde o temprano usted sufrirá en carne propia o de sus congenes todo el mal que le ha hecho a esta patria.

    Que verguenza!!!!

    • Despelucado dice:

      Verguenza debería darle a usted, que se creen superiores a todos los colombianos. verguenza debería darle que la mayoría de colombianos sabemos para donde están legislando. Y verguenza debería darle dizque a una juez, que trata con desprecio a un colombiano que que no comparte su sentencia. Solo se le nota odio y resentimiento en sus palabras.

    • Despelucado dice:

      Perdón Camilo G. Leí mal. Interpreté mal su comentario, disculpe. Al leer el nombre de la juez pensé que era élla quien hacía el comentario y estaba recriminando al columnista. Estoy de acuerdo con usted. Mi apoyo es para el General Plazas Vega y el glorioso ejercito nacional

  2. raul aldana dice:

    Tantos “ires y venires”en este caso del palacio de justicia, en donde cada quién jala para su coleto en forma sesgada sin tener objetividad, uno pierde la perspectiva de lo justo.Con tanta información y contra-información,todo se pone oscuro sin saber en donde está la razón, es como si prevaleciera más las posiciones ideológicas que la misma administración de justicia.Todos dicen tener la razón, pero desde su enfoque personal y no desde la objetividad de las cosas.

  3. Jose Julian dice:

    Mockus, “Yo no como Mockus”, la manipulación desenmascarada
    Por Antonio Ramos Zúñiga

    Había que estar muy alerta para no ser tentados por la operación de imagen pro-Mockus que inundó los medios de propaganda colombianos y la red global de internet. Un bien montado diseño de líder aparecía sistemáticamente en las televisoras y en la invasión de carteles callejeros. La “ola verde”, como se le llama, pasó de la consigna a la estadística favoritista: lo colocaron en la cima de los sondeos, primero empatado con su rival Santos, y luego lo dieron por ganador. Hasta Mockus creía que ganaría en primera vuelta. Probablemente también fue engañado por los mismos medios que lo inflaron al cielo de los predestinados.
    Pero perdió. Y el desenlace, que fue una rotunda victoria para Santos, es un serio referente de la interacción de los medios de comunicación en un contexto electoral típico. En primer lugar, las encuestadoras ha sido quemadas por el descrédito al proyectar desaciertos de toda índole. Y lo mismo se puede decir de aquellos que desde los medios informativos tienen el privilegio de opinar. Claro está, que una cosa se leía o se comentaba en la calle, distinto a lo que el triunfalismo verde vaticinaba.
    Me tocó de cerca la percepción que se gana escuchando a taxistas, meseros, policías y familiares, o leyendo fuentes independientes no contaminadas con la euforia verde (algún que otro artículo imparcial), muestreo que apostaba por Santos. Las redes sociales de internet, como Twitter y Facebook, prácticamente dominadas por la ola verde, fomentaron un debate que reveló que existía un conglomerado juvenil que disentía del mensaje de Mockus. Muchos jóvenes también se decepcionaron por la presencia de intrusos que preconizaban un futuro colombiano estilo Chávez.
    El debate en las redes sociales fue perfilándose de tal manera que los verdes se fueron a la defensiva ante el contraataque de los llamados “santicos” (jóvenes adeptos a Santos). O sea, que a diferencia de las ventajas que Obama obtuvo de su campaña en la red, en el caso de Mockus resultó contraproducente, al ser favorablemente movilizativo para Santos. Una ola de “santicos” se apropió de las redes de Mockus para dar la batalla de ideas y quejarse de sofismas, mentiras y manipulaciones. El “Yo no como Mockus” comenzó a sonar .
    Lo que ocurrió fue que la propaganda como arte político se proyectó sobre encuestas desligadas de la realidad histórica mediata. En la superficie había un Mockus que proponía buenas cosas, pero en el fondo existía el hecho de que la política de Uribe había dado resultados tangibles, como la seguridad democrática y cierto aliento económico al país. Incluso el proyecto verde fue visto como débil ante la intromisión chavista. Y los colombianos uribistas no iban a dejar que humillaran a Uribe. ¿O acaso Mockus no se dio cuenta que el congreso colombiano es mayoritariamente uribista? La gente no iba a cambiar la opción uribista de la noche a la mañana por una propuesta verde que veían veleidosa, compulsiva e ideológicamente cuasi izquierdista, se acusó a Mockus de ateísmo en un país de entrañable fuero católico.
    Seguramente los verdes y los vencedores van a tener tiempo para analizar el papel de los medios en la definición del trayecto electoral. Santos ganó, a pesar de una propaganda que lo trataba de disminuir, porque ofreció un uribismo sin Uribe. Y Mockus perdió porque la manipulación propagandística que lo aupaba fue pobremente realista, ignorando en primer lugar el fino olfato de los votantes colombianos. El poder mediático se deshizo ante el alma colombiana, qué gran lección de civismo comprometido en medio de tanta incertidumbre política.
    Ahora toca investigar por qué los encuestadores y grandes segmentos de la Media pusieron tanto énfasis en que Mockus ganara. ¿Quién estaba detrás de la gigantesca cosmetología de convertir a un carismático show man y ex-alcalde bogotano, que no teme mostrar el trasero en público, en un redentor mesiánico o en un Obama verde. Hasta lo elevaron al rango de un Mockus “filósofo” cuando que sepamos no ha escrito ningún libro sobre una teoría filosófica propia.
    Se hablaron muchas cosas buenas de quien es un profesor que seguramente ha repensado una Colombia futurista, más vivible y justa, un bonito sueño. Sin embargo, la política colombiana no se sirve con caldo verde. Uribe ha dejado una huella profunda, y Santos ganó porque no se apartó del camino. Colombia no cree en sueños, sigue siendo tradicionalista. Este no era el momento de Mockus.

  4. colombia herida dice:

    HAYYY, DEFINITIVAMNETE ESTA SEÑORA ES UNA INFILTRACION DE LA GUERRILLA, ESO ESTA COMPROBADO , QUE LA GUERRILLA ESTA INFILTRANDO A SU GENTE EN LOS ENTES DEL ESTADO, ESTA JUEZ ES UNA GUERRILLERA DE LAS FINAS DE LAS MAS BUENAS Y SI COMPARTO LA OPINION DE QUE ES UNA SIRVIENTA QUE SACO EL TUITULO ENTRE LOS OFICIOS DE LA CASA DONDE TRABAJO CON LA UNIVERSIDAD NOCTURNA, ES QUE NO DA PARA MAS.. REVISEN A VER ENTREW SU FALLOS CUANTOS GUERRILLEROS O TERRORISTAS HA CONDENADO Y SI LO LLEGO A HACER VER CUANTO MESE O DIAS FUERON LAS CONDENITAS…. GUERRILLERA SUCIA….

  5. miller dice:

    me parece injusto acusar au una prsona qeu ha dado todo a la vefdad uy la lealtad de servir a la patri con honestidad y actuando en honor justicia la sra juez a dado un verdadero golpe a los atropellos que comete la fuerza publica, pues toman podermy quieren hacer y desahecer. no mquiere decir que una persona de escasos recursos asume un poder que lo ha ganado con meritos y no por conveniencias ploliticas houy por hy tenga que irse del pais., pues i tapa ñlas verdades de gobienos sera bin recibida pero se culpa cpn p`ruebas sera odiada y per5seguida…

  6. jorso05 dice:

    Pienso en todo lo que está sucediendo en el caso del palacio de justicia y creo firmemente en que finalmente los más perjudicados son los familiares de las victimas desaparecidas, el informe final del Tribunal Especial de Instrucción que se conformó con dos eminentes magistrados Jaime Serrano Rueda y Carlos Upegui Zapata y la colaboración de diez jueces de instrucción, en su informe señalan clara y contundentemente que no hubo desaparecidos en el palacio de justicia y que desaparecidos fueron aniquilados por los terroristas del M-19 se consideraron desaparecidos porque sus cadáveres no fueron identificados ya que sus restos fueron encontrados en un alto grado de calcinación que impidió toda identificación, además otra contundencia del informe es que existe un grupo de cadáveres que necesariamente corresponde a los desaparecidos. El informe concluye esto: El Tribunal considera que existe prueba suficiente en el sumario para concluir que tales personas fallecieron en el cuarto piso a donde fueron conducidos como rehenes en los primeros momentos de los sucesos.

    Pregunto ¿Por qué no se ha decretado una prueba de ADN a los cadáveres encontrados que sería lo más sencillo para su identificación y que finalmente se despejaría todas las dudas que existen? ¿a que le teme la juez en ordenar esta prueba?.

    Sería lo más indicado para despejar todas estas inconsistencias que se tiene en este caso y esto daría finalmente la tranquilidad que necesitan los familiares de este horrendo episodio nacional, considero que se debe solicitar a que todo se encamine a buscar que se ordene, a quien corresponda, se realicen las prueba de ADN para buscar claridad sobre este manto de impunidad que se ha tendido en el caso del palacio y que finalmente los culpables sean condenados por semejante exceso que se le cometió a la humanidad

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