HOMENAJES ANTIPEDAGÓGICOS
diciembre 16, 2010 por Ricardo Puentes Melo
Escrito en La(s) Categoria(s) Eduardo Escobar, General, Opinión
HOMENAJES ANTIPEDAGÓGICOS
Por Eduardo Escobar
Hasta marzo estará abierta en el Museo Nacional de Colombia la exposición dedicada a la memoria de Carlos Pizarro, que cubrirá así casi un semestre. Confieso que no alcanzo a comprender el criterio del museo para sus programaciones. Ni qué importancia tiene a estas alturas la experiencia vital de Pizarro, fuera de comprobar otra vez el viejo aserto que dice que el que a hierro mata a hierro muere.
Visto hoy, el M 19 no pasa de ser un episodio opaco en la historia de nuestro mezquino siglo XX. Si permanece en la memoria es por una cadena de crímenes abominables y grotescos que culminaron con la barrabasada del Palacio de Justicia. Todo comenzó con unos inocentes rasgos de ingenio, como la campaña de prensa que anunció su fundación. Y siguió con el robo de la espada de Simón Bolívar, tan significativo. Pues el mal ejemplo de Bolívar se prolonga sobre la historia de Colombia con una impertinencia y una constancia que duelen.
El síndrome de los redentores llenó este bendito mundo de miedos y dolores desde siempre. En el proceso civilizador, la humanidad a lo sumo consiguió sublimar la degollina de Troya en la guillotina, la horca incruenta, y la inyección higiénica de las cárceles norteamericanas. Y puso las ciencias y la retórica al servicio del animal de presa arcaico.
La sustracción de las armas del ejército en Bogotá por el Eme en un trabajo admirable hecho con la curia y la malicia de las ratas le dio un aire de sainete al movimiento y atrajo a muchos incautos a sus enredos ideológicos. Pero adquirió un cariz perverso con el asesinato de José Raquel Mercado después de un juicio irrisorio, y con el sacrificio de la señora Lara, y el desprecio por la vida expresado en el modo como arrojaron sus cadáveres en los andenes. Por no hablar de esos agujeros inicuos que llamaban alegremente “cárceles del pueblo”. Envileciendo la causa del pueblo.
Hubo algunos personajes interesantes en el Eme y hasta inteligentes, como Toledo Plata. Y pintorescos como Bateman, con su aguaje caribe y el afro y sus declaraciones de un marxismo light de su invención. Ahora se presume que con la figura de Pizarro, el tumbalocas de la pandilla, puede hacerse una pedagogía de la paz. Pero es obvio que hacer la paz después de emprender la guerra es apenas el último deber de la locura homicida. De los comandantes de los barcos de necios de las violencias redentoras.
La sociedad humana sigue rindiendo honores a los amos de la guerra. Al fin y al cabo, el héroe cultural de Occidente es Caín. Pero ya debería cortar con la tradición heroica una comunidad que viaja a las estrellas y poco a poco descifra los misterios del genoma. Es absurdo echar un vistazo a una enciclopedia cualquiera: por 100 asesinos cebados cargados de medallas hay un médico, un artista, un inventor. Y en las plazas de las ciudades que cantan y se precian de razonables prosperan los soldados en altos pedestales recortados contra el horizonte avergonzando la vida. El mundo sería distinto si las ciudades glorificaran a sus santos y sus sabios. La guerra debe ser desnudada de sus doradas justificaciones. Ya la sicología moderna demostró que detrás de los que pretenden redimir por la fuerza a sus semejantes hay siempre un vanidoso incorregible o con alguna deformación del carácter adquirida en una infancia desamparada. Desde el principio, las conquistas de la violencia agravaron los sufrimientos del vivir y envenenaron los mejores programas para la salud social. El Museo en esa lógica le queda debiendo el torvo homenaje del instinto de muerte a Pablo Escobar, a ‘Sangrenegra’ y a un montón de locos disfrazados de profetas. Porque la lista de profetas airados aquí es larga, desde el Tirano Aguirre y Sucre y Bolívar que ha servido para consagrar tantos desafueros.
Diciembre 15 de 2010


Muy bonito el escrito del señor, lleno de pasión, como se nota que la guerra no es lo suyo, que la aborrece, que no es partidaria de hacer de los “Héroes de la patria” mártires al servicio de los gobiernos de turno y mucho menos ejemplos a seguir. Pero discrepo en tanto la historia, debe ser puesta a los ojos del mundo, debe ser revisada y como todas las creaciones del hombre, cambiante según los criterios, los tiempos y los conocimientos aplicables a la misma. No digo con esto que se deba emular a Pizarro, sino que al conocer al hombre histórico, sus errores, sus virtudes, su vida en si, se abrirá el espectro de la historia a las nuevas generaciones, puesto que así sea “oscuro”, “grotesco”, hace parte de nuestra historia, cosa que no se puede negar o desconocer. Ademas el sentido inmediato de estas exposiciones es generar una impresión en el espectador sea cual fuere…..en su caso creo que tuvo éxito, no cree?
Don Eduardo Escobar. Excelente artículo. Desde luego, Carlos Pizarro fue un amo de la guerra: de la guerra marxista leninista. Lo que queda claro es que aunque el marxismo del M-19 fuese ligth en su teoría, en la práctica siguió la única senda en la que ha caminado el marxismo en su aplicación práctica: el crimen.
El homenaje a Carlos Pizarro es una muestra de la perversión de la verdad. Carlos Pizarro jamás fue un demócrata: sus acciones lo delatan y dejan sin piso cualquier defensa. También muestra la falta de auto crítica de los ex miembros del M-19 sobre las acciones criminales que ellos cometieron. ¿Hacer homenajes a un asesino haciendo pasar por un luchador por la libertad? Eso se llama falsear la historia que es muy propio de los regímenes totalitarios.Por otra parte, proporciona elementos de juicio para vislumbrar que sería lo que harían para borrar tan tenebroso pasado. Ellos mismo falsean la biografía de Carlos Pizarro y la propia.
¿El asesinato de Carlos Pizarro fue un asesinato? Por supuesto que fue un asesinato. Pero no mataron a ningún inocente. Esto es rebajar a las víctimas inocentes frente al victimario que fue Carlos Pizarro. De igual manera ocurre con Manuel Cepeda Vargas ¿Fue un asesinato lo de Manuel Cepeda Vargas? Claro que fue un asesinato, pero no se asesinó a ningún inocente sino a uno de los promotores más duros de uno de los aparatos del terror comunista: las FARC. Poner a Carlos Pizarro y Manuel Cepeda Vargas como víctimas es rebajar a las víctimas. Equiparar víctimas con victimarios es un muestra de la falta de sentido crítico y autocrítico de la izquierda. Además demuestran su falta de amor a la verdad.
Sr Escobar, de nuevo, un excelente artículo. Sólo un pequeño fallo. El secuestro de la señora Lara no fue cometido por el M-19. Lo perpetró la ORP(Oraganización Revolucionaria del Pueblo) de ideología marxista leninista. Su hija, Luz María Echeverri, escribió un estupendo libro titulado La flor de la esperanza. Los asesinos de la señora Lara, cuenta su hija en el libro, están libres en Europa. Que injusticia!!!